PROLÉGOMENOS PARA UN MANIFIESTO DEL SURREALISMO EN CLANDESTINIDAD, O NO


Nos aburrimos en las ciudades.

El día, como la noche, es un dormitorio donde cada pasillo conduce a una cama de muerte o a una sala de operaciones. El tic-tac de un despertador inspira la concepción de nuestras más bellas bombas incendiarias.

Nosotros, surrealistas clandestinos, rechazamos la muerte y exigimos ser enterrados vivos.

Hemos elegido los subterráneos porque el cielo es demasiado azul, o demasiado gris, y nunca está a la altura del cielo estrellado en nuestro interior. A Kant, preferimos a Kierkegaard; a Kierkegaard, preferimos a Spinoza; y a Spinoza, siempre preferiremos a nuestro mejor amigo. Las afinidades electivas son la prueba científica de la deriva de los continentes.

Hemos visto a Marcel Proust regresar del campo de concentración de Buchenwald para decirnos que quememos el tiempo perdido antes de quedarse dormido en su ataúd, esperando el beso de su madre.

Hemos visto a Thomas Mann pegarse un tiro en la cabeza jugando a la ruleta rusa con su hijo Klaus.

Hemos visto a Robert Brasillach volver del cadalso para pedir clemencia, y a René Char mandarlo al diablo antes de matarlo de verdad y enviarlo al infierno.

Hemos visto a Giraut de Bornelh jugar a los dados con Stéphane Mallarmé en un hospital psiquiátrico mientras las enfermeras vaciaban sus orinales y los trovadores lloraban en el patio de recreo esperando las visitas del día.

Hemos visto a Guido Cavalcanti sodomizar a Beatriz mientras Dante los observaba y se masturbaba a escondidas escribiendo el cuarto tomo de la Divina Comedia, aquel en el que contaba su regreso a la tierra después del viaje y llegaba a la conclusión de que ni Dios ni el amor existían, y que solo las estrellas existían.

Hemos visto a Néstor Sánchez mendigar en la plaza Stalingrado de París para comprarse crack barato y mantenerse despierto toda la noche para terminar de escribir el libro que debía hacerlo inmortal (justo cuando estaba a punto de poner el punto final, sufrió un paro cardíaco y descubrió que no sería inmortal, que sus libros quedarían fuera de catálogo y serían destruidos, que su nombre sería eliminado de las ediciones actualizadas de la Historia de la literatura argentina, y que nadie, finalmente, se acordaría de él o, si un lector se cruzaba con su nombre, pensaría en un escritor imaginario o en un fantasma – lo cual es lo mismo).

El método experimental es nuestro imperativo categórico. Ni la ternura de los niños, ni la piedad de los viejos padres, ni el amor debido a Penélopes, Beatrices y Dulcineas podrán jamás vencer el ardor que sentimos por convertirnos en expertos del mundo.

La fiesta es nuestra revolución permanente (en los funerales – sobre todo en los nuestros –, en los bautizos, en las bodas, en los nacimientos de los niños, queremos embriagarnos sin medida, reemplazar el vino por sangre, sentirnos como Cristo el día de la resurrección, luego, cuando la vejiga tenga la forma de una granada, orinar en los urinarios de las ciudades hasta hacerlos estallar). Nuestro foie gras, nuestra fe grasa, es nuestro seguro de vida.

Ivan Chtcheglov es surrealista clandestino en la geografía urbana.

Gilles Deleuze es surrealista clandestino en el deseo.

Lucien Chardon es surrealista clandestino en Balzac.

Marx es surrealista clandestino en la poesía.

Rimbaud es surrealista clandestino en Diego Armando Maradona.

Aleksandra Kollontaï es surrealista clandestina en el marxismo-leninismo.

Ernest Hemingway es surrealista clandestino en la lucha armada.

Georges Perec es surrealista clandestino cuando hace un inventario.

1917 es surrealista clandestino en 1871.

Marcel Proust es surrealista clandestino cuando lee los horarios de trenes.

Mohamed Mbougar Sarr es surrealista clandestino en el laberinto.

Jorge Luis Borges es surrealista clandestino en la física cuántica.

Robert Desnos es surrealista clandestino en el campo de concentración de Theresienstadt.

Serguéi Necháyev es surrealista clandestino en el catecismo.

Missak Manouchian es surrealista clandestino ante el pelotón de fusilamiento.

Rino Della Negra, Celestino Alfonso, Olga Bancic, Joseph Boczov, Georges Cloarec, Elek Tamás, Maurice Fingercwajg, Spartaco Fontanot, Jonas Geduldig, Emeric Glasz, Léon Goldberg, Szlama Grzywacz, Stanislas Kubacki, Cesare Luccarini, Armenak Arpen Manoukian, Marcel Rajman, Roger Rouxel, Antoine Salvadori, Willy Schapiro, Amedeo Usseglio, Wolf Wajsbrot, Robert Witchitz, son surrealistas clandestinos en el Panteón.

Arturo Benedetti es surrealista clandestino en mí.

Roberto Bolaño es surrealista clandestino en la práctica de la vida.

Elige la respuesta correcta: Nos negamos a poner las banderas a media asta: a) de nuestras erecciones matutinas; b) de nuestra imaginación; c) de nuestra impaciencia (tenemos hambre).

Elige la respuesta correcta: Cuando un surrealista clandestino observa una botella vacía: a) imagina un cóctel Molotov; b) la usa como florero; c) compra (o – según su condición socioeconómica – roba o toma prestada) una nueva botella; d) convoca a los demás surrealistas clandestinos interrogándolos con la misma frase que Vladímir Ilich Uliánov dirigió a sus camaradas en 1902: ¿Qué hacer? Las discusiones duran hasta el amanecer, a veces hasta el amanecer siguiente, y mientras tanto, los surrealistas clandestinos siguen viviendo: comen, beben, follan, van al baño, ven una película, viajan, escriben, se enamoran, algunos mueren, envejecen, pasean por la orilla del Sena cuando los días se alargan, fuman un cigarro en el balcón de sus buhardillas como si estuvieran inclinados sobre una vena abierta, piden otro café al camarero para mantenerse despiertos hasta el día del juicio – pero todo, siempre, lo hacen JUNTOS.

¡Que todo lo que es feliz sea crucificado! (Porque resucitará).

Al demonio del eterno retorno, la única respuesta que podremos darle – y que le daremos siempre – es: Es muss sein!

Lo que hemos amado una vez, lo amaremos para siempre.

Completa la frase: Lo dejamos todo porque necesitamos enfrentarlo todo de nuevo, volver a verlo todo, aceptarlo todo, reinventarlo todo, todo _________________________________________.

Resuelve la operación matemática:
1 + 9 + 1 + 7 = _________________________________________.

Resuelve la operación matemática:
2 + 0 + 2 + 5 = _________________________________________.

Los subterráneos, nuestro Palacio de Invierno.

Poetas, soltad vuestro cabello (si lo tenéis).

Las crónicas del tiempo cuentan que en 1871, en vísperas de la Comuna de París, los primeros surrealistas clandestinos dispararon contra los relojes.

TIC-TAC TIC-TAC TIC-TAC TIC-TAC TIC-TAC TIC-TAC TIC-TAC TIC-TAC

Las agujas de un despertador inspiran la concepción de nuestras más bellas bombas incendiarias.

Lo repetimos: lo que hemos amado una vez, lo amaremos para siempre.

Definición clandestina de una palabra italiana: RI-VOLTA [nombre femenino, singular]. Palabra compuesta: RI (repetición) + VOLTA (una vez). 1) Una acción que se repite. 2) Una acción que se renueva. 3) La acción y el hecho de rebelarse contra el orden y el poder establecido. Traducción: Habrá una vez. Habrá de nuevo. Habrá una nueva vez.  ͌  Habrá una revuelta.

Érase una vez: habrá una RE-VUELTA